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Hay quien prefiere meditar

El 95% de nuestros pensamientos no empatan con la realidad, y el 80% son negativos. Esta mente, que naturalmente tenemos, necesita espacio, un lugar donde no se amonten los millones de conceptos almacenados dentro de ella.

Lo que amenaza es la sencillez con la que damos paso a pensamientos que limitan: “Debería ser de esta manera”, “Después lo hago”, “No me siento bien”, “Yo doy más en esta relación, yo me esfuerzo más”, “¿Y si no resulta? Estos, quedan memorizados en nuestro cuerpo, y terminan por determinar el estilo de vida que llevamos y los sentimientos a los que nos acostumbramos.  Desde ahí, desde la saturación de la mente, lo normal es sentir ansiedad y miedo, y con eso nos relacionamos.

Dándole vida propia al hábito de pensar así, caemos en la trampa del deseo: estar insatisfecho con lo que ya se tiene, querer más y más, intentar ser alguien en específico. Así se forma el apego que autoimpone exigencias y objetivos irracionales que alejan el descanso y el estado de plenitud. Todo por ese 95%, al que tanto hacemos caso, de pensamientos irreales.

La meditación es esa práctica que le da espacio a la mente, que crea pensamientos positivos capaces de hacer aún más espacio. De esta manera, llegamos a memorizar la costumbre de tener una mente clara, amplia.

Como efecto dominó, empiezan a desaparecer los limites que restan demasiada calidad a nuestras vidas, reapareciendo las ideas creativas con las que nacimos. Hay quien prefiere meditar para que, el 95% de los pensamientos, no gobiernen lo que hacemos y sin darnos cuenta. Hay quien prefiere meditar para quitar el cinturón a la mente, permitiendo la toma de decisiones, nuevas formas para relacionarse y el tan anhelado estado de plenitud.


#GraciasPorMeditar
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